Gente muy madura, emprendedores hechos y
derechos, con ideas de negocio claras y, de partida, interesantes. Con
carencias, como es lógico, porque para eso estaban allí para aprender, pero con
muchas ganas de absorber conocimientos y de no dejar escapar muchos de los
modestos consejos o vivencias personales que les comentaba.
Una de las propuestas que les hice, fue
el practicar su Elevator Pitch, a
objeto de conocer qué grado de madurez comercial tenían de sus productos o
servicios; si tenían claro a qué segmentos de clientes se iban a dirigir, canal
de distribución; ver si eran capaces de transmitir quienes son, qué venden y
cómo lo venden.
Y lo que más me sorprendió, fue el ver
ese brillo de ilusión en sus ojos a la hora de exponer su proyecto; pasión en
estado puro, con toque de humildad e inocencia empresarial. Modestia en una
sola palabra
Fueron 5 horas de clase, que se me hicieron pocas y, cómo
no, donde tanto ellos como yo aprendimos mucho los unos de los otros. Les deseo
suerte a todos en su futura andadura empresarial.
Os dejo la imagen de una de las transparencias que vimos
ayer en clase, referente a la competencia que espero que les dejara tanta
huella como la que deja en mí cada vez que la leo.